November 16, 2010

Sobre el viaje mas largo de mi vida (hasta hoy) III (Angola)

Después de comer y beber en el aeropuerto de Johannesburgo se llegó la hora de tomar el vuelo de TAAG, la línea aérea local de Angola. La verdad sólo había volado con ellos en la ruta Luanda-Paris y no tenía buenos recuerdos de ellos, personal ineficiente, malhumorados, mal preparados, etc, etc. Así que me preparé mentalmente para subirme a un avión "africano", los aviones no tienen nacionalidades, pero ustedes me entienden.

Primero nos habían dicho que saldriamos de la puerta A2, pues yo como persona responsable me trasladé hasta la susodicha puerta con suficiente tiempo de anticipación, ahí estuve esperando comodamente acostado ocupando el lugar de 3 personas (mi espíritu mexicano se adueñó de mí) por que estaba algo cansado del viaje. Se llegó la hora programada para abordar y del avión ni sus luces, otra vez con retraso pensé. Cinco minutos después llega alguien para avisarnos que el vuelo había sido cambiado de sala y que teníamos que trasladornos a la nueva puerta lo antes posible por que el avión estaba a punto de salir. Al personal nunca se le ocurrio avisar del cambio por megafonía, sólo en las pantallas generales del aeropuerto. Ahi vamos como 30 personas a toda prisa cruzando el aeropuerto (si pasamos de nuevo por donde venden pieles), llegamos y ahora tocaba abordar al avión por camioncito, pero el camioncito había sido despachado antes de que llegaramos, así que tocó esperar a que volviera mientras el personal de TAAG discutía al puro estilo africano (a alto volumen, gesticulando con manos, dedos, cejas y hasta pestañas) por que alguien le había dado la señal al autobús para que partiera. Total volvió el autbú subimos al avión e incluso nos dimos el lujo de salir a tiempo.

El vuelo fue un vuelo normal, tranquilo. El avión, bastante viejo, pasé de volar en el avión más nuevo y avanzado del mundo a uno tercermundista, con los respaldos del asiento tan gastados que parecía que ibas sentado en una tabla.

Sobrevolando Luanda se puede apreciar la larga lista de barcos esperando en el puerto para desembacar sus mercancías. Esto por que el puerto actual simplemente ha sido desbordado, es viejo y no funciona bien. Pero ya se está construyendo un nuevo puerto para que gente como yo pueda degustar de deliciosas viandas, y otros puedan comprar televisiones y los más necesitados reciban sus medicinas. Cabe decir que en Angola todo o casi todo es importado, no hay una industria local de casi ningún tipo, por lo cual un puerto eficiente es de gran importancia para este país.
Aterrizamos en Luanda y el aeropuerto ha sido modernizado, los agentes que checan el pasaporte hasta tienen equipo electrónico que te graba la huella digital, te toman la foto y el proceso no se llevó más de 3 minutos por persona. 10 metros más adelante te topas con un tipito de bata blanca que parece un estudiante de medicina o el tiípico bachiller en laboratorio de química que te pide tu cartilla de vacunación, oh oh, les he dicho que mi vacuna de la fiebre amarilla está caducada (se tiene que renovar cada 10 años y la mía caducó hace 3 meses), pensé, no se dará cuenta, pero nada! Me lo hizo ver y decidió quedarse con mi pasaporte mientras su merced iba a recoger su maleta, después volveremos con este tipito de bata blanca.

Me voy a buscar mi maleta y llegó en el mismo carrousel en el que estaban descargando las maletas de un vuelo procedente de Sao Tome (una isla tropical y paradisiaca en el Atlántico donde también se habla portugués). No les miento, lo que vi en esas maletas llenas y a punto de explotar, la gente traía pescado fresco (al menos estaba fresco cuando salió el vuelo), carnes varias cortadas en diferentes piezas todavía sangrantes, frutas exóticas jamás vistas por su amable servidor, todo esto transportado al más puro estilo "paisano" versión africana, grandes bolsas que parecen costales. Todas estas maletas y costales venían repletas y algunas incluso rotas. Mi maleta no salía y no salía, ya estaba yo resignado a tener que empezar el reclamo de la maleta perdida (en el cual soy harto experto) cuando la veo aparecer, como en película romántica me la imagino caminando hacía mi con los brazos abiertos. Y yo sólo pienso, ya podría salir si no sólo fuera por el monito de la bata blanca...

Volvemos con el monito de la bata blanca, yo pensando en que decirle, como justificar mi vacuna vencida y todas las formas probables de insinuarle que se podría lograr un acuerdo alternativo beneficioso para los dos. Después de unos minutos me dice vamos a la oficina de salud, ahí podemos hablar a gusto. Yo no teía la intención de ser vacunado en Angola, y menos en el aeropuerto, norma básica de sobrevivencia en el extranjero, no te dejes vacunar si no sabes la procedencia de la medicina y menos de la jeringa. Total, entramos al cuarto y mi amplia experiencia africana y mis habilidades mexicanas me decían que esto tendría una solución "alternativa" y beneficiosa para ambas partes. Así fue como después de un pequeño regaño por mi ignorancia de las reglas de salud internacionales el hombre me dejó salir de su oficina, claro está, yo salí 30 dolares más pobre pero sin ninguna vacuna de dudosa procedencia sobre mi cuerpo.

Ahora sólo falta un obstáculo más por vencer, pasar la aduana!!! Estaban las típicas 2 filas, la de "Nada que Declarar y la de "Declarar", una mujer en forma arbitraria desviaba a la gente hacía una o hacia otra sin ninún método aparente. Algo así como el semaforo mexicano pero en versión humano. Total llegué a ella, le muestro mi ticket de la maleta, le hago ojitos mexicanos, le digo "Boa Noite" y me señala el camino: Nada que Declarar". Manuel sonrie. El viaje fue todo un éxito. Afuera me esperaba Josue, uno de los choferes de la empresa.

La fila de barcos en el puerto de Luanda.

Mas barcos esperando un lugar para descargar.

Aquí se ven mejor.

Vista de Luanda.

Vista con estadio de futbol incluida.

Estadio y edificios.

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